Desde Enero de este año, comencé a trabajar en un lugar muy especial, ya que estoy rodeada de personas digamos excéntricas; son abuelitos, algunos más viejos que otros, menos enfermos, todos maravillosos, únicos, estoy conociendo sobre enfermedades degenerativas como el Alzhaimer y la demencia cenil.
La pérdida de la memoria corta es lo más común en las personas mayores, además del claro deterioro de sus capacidades fisicas, etc. Lo de menos en eso, lo interesante son los personajes que ocurren entre silencios, arrugas y formas escatologicas que presenta la cotidianidad en este lugar.
Hay muchas cosas que contar, por ello me he decidido en hacer las anotaciones desde hoy y subir las fotos que con trabajos hago.
Pasé mi cumpleaños numero 29 en este lugar, trabajando. El cariño o amabilidad de los viejitos es de lo más auténtico que he visto, me sentí joven y afortunada por estar con ellos, que para mí son como un montón de creaturas excentricas o fuera de lo común. Los personajes que son ahora, son dignos de retratar, parece que sus almas están extravertidas, aunque ellos quizá no lo noten, parecen de las creaturas más inocentes, hablo de la inocencia que la vida te hace perder para luego dartela de golpe en los últimos años, esa inocencia que también me hace amar a los animales.
martes, 26 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
PARA LOS QUE llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
... los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
Los demonios y los días, 1956
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
... los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
Los demonios y los días, 1956
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