Un avión despotricado viaja en mi espina dorsal,
aparece en forma de garbanzo en mi sueño, su vuelo anida en mi vientre,
como un diluvio socaba los cimientos de mi casa,
su paso va geométrico, perfecto, surcando una línea colorida de maíz y raíces.
Nidos de dragón multifacético me acontecen,
me visitan fantasmales de incógnito
dejando apenas un margen de lucidez,
polilla en los roperos.
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domingo, 23 de junio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Sueño de la noche del 18 de Junio 2013
Quieropensar en mi sueño, pero es un poco tarde para describirlo, trataré. lástima que no tnga el tiempo del mundo en las mañanas y dedicarle más tiempo a su reflexión, pero me parece que es importante registrarlo:
Era mi madre, se pintaba el cabello de un tono rojizo casi violeta... (no sé para nada el orden de las imágenes) quiero decir, tenía pintado así el cabello, luego se había autodesollado, yo no ví cuando se arrancaba la piel ni cómo fue, pero tenia la conciencia de que ella misma se lo había hecho, la veía cruzar la calle, caminaba sin piel, agravada se veía, caminaba mal, iba desnuda, hacía la parada a un taxi con algo de desesperación, yo miraba cuando alzaba el brazo. No recuerdo más, pero los sentimientos eran malos, no e sentía bien verla así, me consteranaba creo, era en sí una pesadilla.. Antes de ver a mi madre desollada había pasado que ella había robado una laptop, la veia usándola con conciencia de que era robada, luego las personas a quien robó se daban cuenta, habia un sentimiento de verguanza alrededor de esto, culpa y verguenza...luego vino lo de la desollada, me parece..
hay otra escena aparentemente aislada, donde estamos en una especie de palapa de dos pisos, abierta, estabamos en el piso de arriva varios muchchos y yo, estabamos reunidos, no recuerdo si era dia o noche pero estaba nevado el lugar muy blnco y nevado, habia nieve por todos lados, los chicos se dedicaban a hacer tambores, percusiones con la nieve era el material con que lo hacían, tocban las percusiones de este material. Ahí conoci una chica que me contaba que venia de cancun, y que habia regresado a cuernavaca por el ultimo tsunami, me contó la escena mientras la veia en la imaginacion del sueño, contaba que veia una enorme pared de agua que casi se topa con su cara perono la tocó, asi fue como regresó a cuernavaca.
No sé...
Mi madre desollada se murió, tenía luego la conciencia de que ella lo provocó, era un suicidio yo sabía esto, había una estatua a la cual se le caía la cabeza pero dentro del sueño esto significaba algo revelador que no ercuerdo, algo que coincidía con otro acontecimiento que había pasado antes de que se callera lacabeza y que cuando la vi caer confirmaba algo, una especia de premunicion, pero no recuerdo qué.
Quiciera seguir pensando en este sueño, y en mi madre desollada, en su pelo rojo y en la estatua que pierde la cabeza, piel, cabello, cabeza, que es todo esto?
Fuerte no? ...................
domingo, 16 de junio de 2013
Terapia intensiva
Cuerpos blancos desalmados de tanto mirar. Doctores sin uniforme que no lo parecen. Rostros que nunca antes vi y ya significan algo importante. Realidad presente confundida con otro tiempo, remoto y transparente.
En aquéllos días de hospital; escuché el relato de una desconocida quien decía que habían salido siete cuerpos muertos la noche anterior, justo donde estaba mi hermano, pero mi hermano no era uno de ellos ni tampoco la hija de la señora que se encontró con mi madre en paralelo.
Vi entrar a un hombre envuelto en sabanas blancas en una cajuela, mientras me fumaba un cigarro.
Volví a ver al joven doctor, incrédulo y sanguinario, quería ver la compasión en su mirada, rastreaba su alma a través de sus ojos, quería que me reconociera como la hermana de aquél que en sus manos estubo.
Tomé de nuevo esa bebida con Vodka que probé por primera vez el día del ingreso, proporcionada por la jefa de mi hermana, personaje extra de nuestro plató, quien representaba el papel de la vida misma, joven para todos nosotros, fresca celebridad comprensiva y alejada, empática y superficial, de tal duplicidad aparente que nos provocaba una resistencia amorosa hacia su fatal trivialidad, zarcasticamente asombrosa de una profunda simplicidad. Entonces, ya lejana esa realidad, pareciera que nada de eso existía, pero la bebida seguía teniéndo el mismo sabor, culpablemente dulce.
Vi reir a las enfermeras gordas en el elevador como si fueran monos en la autopista, ajenas a mi mundo de antes, aparición escrupulosa en mi implacable cotidianidad y parecía el día tan trivial como si la vida en ese lugar quiciera presentarme otra cara de la existencia acostumbrada, revelaciones de otra especie resumida en carcajadas de gordas uniformadas, presisas, secretas, que me recordaban fragmentos de imágenes de los siniestros pasillos prolijos y metálicos, fríos e indiferentes ante la humanidad de mi pequeña voz.
Volví a encontrar al callado que estubo sentado a mi lado con el que sin saber porqué, intentaba compartir nuestro trance anecdotario, pero su silencio era implacable. Quería darle mi comprensiòn, sin embargo entendí que estamos todos separados por un abismo de carne y que nuestra sangre corre por distintas venas y que mi herida es sólo mía y no se puede comprender la del otro y que es mejor callar como lo hacía él, y que en ese tirano silecio podíamos unir nuestras oraciones, porque nadie experimenta en cabeza ajena hay que callar ante el dolor ajeno.
Y ahí estabamos todos, impávidos y atónitos de desconcierto, encontrándonos todos ajenos por los claros pasillos de aquella remota cotidianidad inexorable.
En aquéllos días de hospital; escuché el relato de una desconocida quien decía que habían salido siete cuerpos muertos la noche anterior, justo donde estaba mi hermano, pero mi hermano no era uno de ellos ni tampoco la hija de la señora que se encontró con mi madre en paralelo.
Vi entrar a un hombre envuelto en sabanas blancas en una cajuela, mientras me fumaba un cigarro.
Volví a ver al joven doctor, incrédulo y sanguinario, quería ver la compasión en su mirada, rastreaba su alma a través de sus ojos, quería que me reconociera como la hermana de aquél que en sus manos estubo.
Tomé de nuevo esa bebida con Vodka que probé por primera vez el día del ingreso, proporcionada por la jefa de mi hermana, personaje extra de nuestro plató, quien representaba el papel de la vida misma, joven para todos nosotros, fresca celebridad comprensiva y alejada, empática y superficial, de tal duplicidad aparente que nos provocaba una resistencia amorosa hacia su fatal trivialidad, zarcasticamente asombrosa de una profunda simplicidad. Entonces, ya lejana esa realidad, pareciera que nada de eso existía, pero la bebida seguía teniéndo el mismo sabor, culpablemente dulce.
Vi reir a las enfermeras gordas en el elevador como si fueran monos en la autopista, ajenas a mi mundo de antes, aparición escrupulosa en mi implacable cotidianidad y parecía el día tan trivial como si la vida en ese lugar quiciera presentarme otra cara de la existencia acostumbrada, revelaciones de otra especie resumida en carcajadas de gordas uniformadas, presisas, secretas, que me recordaban fragmentos de imágenes de los siniestros pasillos prolijos y metálicos, fríos e indiferentes ante la humanidad de mi pequeña voz.
Volví a encontrar al callado que estubo sentado a mi lado con el que sin saber porqué, intentaba compartir nuestro trance anecdotario, pero su silencio era implacable. Quería darle mi comprensiòn, sin embargo entendí que estamos todos separados por un abismo de carne y que nuestra sangre corre por distintas venas y que mi herida es sólo mía y no se puede comprender la del otro y que es mejor callar como lo hacía él, y que en ese tirano silecio podíamos unir nuestras oraciones, porque nadie experimenta en cabeza ajena hay que callar ante el dolor ajeno.
Y ahí estabamos todos, impávidos y atónitos de desconcierto, encontrándonos todos ajenos por los claros pasillos de aquella remota cotidianidad inexorable.
lunes, 3 de junio de 2013
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