Divina cuchilla, atraviésame.
Aturdida estoy por las abejas del deseo,
Tu aura flota en el espacio del padecimiento,
Tus filosas fauces entreabiertas están frente a mi.
Divina madre de las Transformaciones, penetrame,
Dame de beber en ese indecible día en que vuelvo a nacer,
En sacrificio nado al centro de la isla de la paz a tu encuentro,
Desciende adentro de mí en este mar de padecimiento,
Acaricia la esfinge del amanecer,
Vuelve a mi en ese risueño paraje donde se encuentra la cosecha de mis sueños,
Rasga la envoltura de la bóveda en este lógrevo castillo,
Enciende el fósforo fatal que ilumine mis pies hasta llegar a casa.
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