en una era anterior a la que vivo
Desvivo las horas del pasado
imagenes soñadas
fluctúan inciertas
Siento una especie de alma infantil
mi padre es el destino cotidiano
(vivo las horas sin dueño)
la tarde lenta nos va anulando
poco a poco importuna, maliciosa
Una lágrima infinita me recorre la ternura
al mirar
el niño
y su padre
sumergido en el pantano del vivir
El cuarto del absurdo
tiene el alma enferma,
su sueño inútil
sin aliviar
le espera en la sala de sus ojos
desrrimados
Se despliega lo ajeno del futuro incierto
que se me ha
negado
Abatida
me detengo
en la curva final de lo detestable
Un repentino bullicio que no dice nada
me ensordece
la lechuza de la muerte vuela sobre mi cabeza
lanzo piedras al cielo
la oración de mis horas
va con el silencio de su vuelo
Un silbido
viene de islas anónimas
pepenando desde la caverna
limosnea una vida remota
La pausa perentoria
me detiene el sosiego
mi majestuosa sombra
me distrae
el cuerpo
Por tan poca cosa me alejé del mundo
y sin llorar
liberada para siempre
dejé ir al corazón
que aún late
todavía
Con la avidez de un niño
se me sube el alma al pecho al recordarme
La calle del intervalo
se entristece al ver mi espalda
que aún sigue
caminando.
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