martes, 1 de noviembre de 2011

sentencia intravenosa

LLevo tiempo sin casa, por la falta de aquél que se sabe amado.
Pienso que más vale nada, que mil besos imaginados. Creo que lo
que está por llegar, después de regresar a una cama destendida,
es, el desamparo a tu correspondencia venenosa.
Desaparezco agrietada desde aquél abismo que nos separa, llevo
candeleros agonizantes y un ganzo muerto en mi maleta.
Tu propuesta-sentencia, con todo su esplendor podrido, llega
hasta aquí, es la amalgama perfecta de la trizte noche en que
te olvido. Tú, siempre otro, egoísta siempre otro, máscara de
lentejuela mentirosa, cascada vacía de sentido, no hay a donde
ir, no soy yo más lugar de aislamiento, ni rincón de sosiego pa-
ra todos los corazones.
Hoy es el día en que muere el ganzo, siento frío su largo cuello
por el sexo blanco que no tuvo. La propuesta-sentencia, vestida
de epitafio, llega egoísta hasta el cansancio, llora por puro
egoísmo, y tortura mi latido escrupuloso.
Mi corazón resuena en tu estetoscopio puntiagudo, palabras enlo-
quecidas danzan como fuego y alcohol abrazados en la fiesta del
fin. Se alza mi desasosiego hasta la salida. Se acabaron las con-
dolencias, no más píldoras para el ritual del silencio, callar!
callar cuando ya nada parece decir nada! callar toda ansia cuando
me he agotado hasta el psiquiatra, decidir por el cansancio invi-
erno que lo hiela todo hasta el no ceder, caminar por los calle-
jones enloquecida de olvido.
No quiero ningún buitre venenoso en mi ventana, que se vaya toda
máscara de lentejuela mentirosa, aunque perder su belleza me due-
la por la noche y ni el desvelo me traiga nunca, ningún beso ima-
ginado suyo.

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