La vela de mi espíritu se encontraba en la superficie de la vida cuando el frío de sus aguas me inundó de miedo. Gota a gota mudó la piel fósil de mis recuerdos. Resplandecía sangre en las tinieblas, su luz roja me aparecía como un mapa descrito en soledades. Nómadas, murmuraron cansados, dibujándo un suave grabado en los músculos de la conciencia, ésta; caverna silenciosa, guardaba al tiempo en sus entrañas. Su camino rocoso apuntaba sobre los astros. Imparablemente me observó como se le observa al crecer de las estalactitas, sus sueños de quietud le impregnaban de eternidad.
Incorruptibles entradas estrecharon los tuétanos de mi memoria, claros de luna abrazaron mis ojos ciegos mientras el pez del abismo nadó para guiarme por la transparencia inmaculada.
domingo, 11 de marzo de 2012
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