Mientras un valle inmenso y extendido
Crecía sobre el amor
Abrí mis brazos como de ave
Divina muerte que aprende la cacería.
Había caminos delante de mí,
Volaba sonriéndole a todos
Y la certidumbre de sus ojos
En mis extremidades de carne.
¡Vértigo afortunado de mi rostro en juego!
Mujer de seda
Mi vestido como en el agua
Al son de mi vuelo
él me miraba y sonreía como pájaro
Y yo subía en cuanto aleteaba
Abrazando su rostro partido en dos
Y sus aletas de pez que no conozco
Nos miramos encantados al volar
Fortuita elevación al sirviente afortunado
Amante de seda
De cabello azul rey.
martes, 10 de agosto de 2010
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