Entre los preparativos de Josefina,
Se apagan de la cocina
Las veladoras encendidas,
Alrededor de sus sobrinas
Va guardando en su petaca
Caliente
De ambiciones podridas,
Su traje de novia y crinolinas.
Un par de manos quietas,
Solemnes y desconocidas,
La llevan a las orillas
Por un estrecho atajo.
Amontona los papeles y les da un abrazo
Bebe un remedio para la cólera
De un sólo tajo.
Josefina se encuentra todavía
A merced de una florista con envidia
Rompe las últimas flautas
Y se engendran las sepulturas.
Despidiendo al óvulo del agua y la rosa
Que huyen al cielo y a la tierra
Por ser así la cosa.
La impaciencia atroz del mar
Estalla de golpe
En un diluvio.
Josefina huye al peñasco
De martes por la tarde,
Recoge recipientes en el asfalto;
Préstamos de un pueblo fantasma.
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