Un viento húmedo
de oro azul profundo,
cae con humildad
sobre las conchas dispersas
de la cotidianidad.
El doloroso vestido de mi cuerpo,
plácido al sol de la ventana
acostumbrado de monotonía,
azulea mi existencia nublada.
La cortina de la vida flota desierta,
viste de otoño mi ventana.
Miro el humo rítmico del crepúsculo interior,
un ténue viento se esboza en mi cuerpo.
La embarcación del mundo íntimo recorre el mismo
espacio del paraíso,
dentro de una taza de vidrio,
posee la belleza anochecida de la luna,
anda por las curvas caracol cotidianamente
dispersa y humedecida.
lunes, 31 de octubre de 2011
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