domingo, 26 de junio de 2011

El Jardín siniestro.

En lo oscuro del abismo, el llanto trágico suena como una partitura musical, caótica e infinita.

Brillantes balaustradas de un camino ya alejado, resuenan como un universo encantado cayendo a un pozo, miro que se vence desde una altura con el ojo de un dios terrestre.

La flecha, ausente de color no viene de ningún tiempo ni va hacia él, sino más allá de lo humano.

Una villa imaginaria me está esperando, sólo veo la nada de la noche, la luz del destino se ha apagado al confundir la voz del mundo.

Bajo la tierra hay una roca que desdeña destruirme, el cielo más azul es la llegada al despeñadero.

Sigo lo negro de la flecha construida en forma de escalera, subo peldaños en forma de espiral rumbo al jardín colgante, me abro al relámpago como clave de sol que preludia el canto de la muerte. El camino entraña un silencio encantado.

Lejos de aquella montaña, de aquél río, de aquél lago, oscurezco en el vacío como un espectro al borde del barranco.

La plenitud de la arena ha borrado mis pasos...

El jardín caótico del devenir se extiende en círculos, cruces doradas alrededor me han detenido.¨

Dónde está la dirección? La flecha me rodea impenetrable, sombría, inamovible, mientras el camino se espesa sin fin.

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