A la sombra de las palmeras
me alimento de lo tibio
de la noche,
donde mis sueños línea
se bifurcan,
se aglutinan como un
montón de arena.
Ayer mis dientes tronaban
esperando en la superficie
del silencio,
dentro de una barca
persistí por mirarme desde afuera,
contemplarme en el muelle.
Mi piel salada y caliente hoy
recorre suaves amarillos,
puedo sentir aún
la sangre trémula en mis venas.
Soy como un cohete escapista
de combustible rojo,
mi aparición oscurea entre la niebla.
Huida persistente
a la sombra de las palmeras,
playa recurrente,
estancia perpendicular,
sigo las espaldas del maestro sol
guiada por un mapa hecho pedazos,
mis sueños línea
se bifurcan cobardes,
temblorosos.
Un manojo de suspiros
viene de la selva utópica,
hacen grietas saladas en mi piel,
ningún paraíso traigo en los bolsillos,
cargo el vestigio de una guerra
y suerte de humanidad,
recorro distancias húmedas
en el muelle,
rememoro la cuarta noche
de este viaje
para ver
algún suceso fluorescente,
en esta playa de hospicio
sólo el aire que respiro
me apacigua.
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