jueves, 9 de junio de 2011

Michan


Lo conocí muy joven,
Él bailaba con los brazos abiertos y las piernas largas como chango, mi chango.
Se llama Miguel Ángel. En realidad nunca lo comprendí tan bien.
Pero seguimos siendo amigos. Siempre. Ayer se lo dije "contigo siempre he sentido que tenemos una especie de relación telepática", con él se puede uno quedar en silencio -también- y dejar que las pocas palabras compartidas corran por la mente y los sentidos, de vez en cuando nos miramos y sabemos los dos, que estamos en ello, que lo estamos pensando fuertemente. Sus silencios hacen que me escuche más fuerte.
A veces lo vi y aún lo veo como si tuviera un enorme peso en su cabeza y espalda y se agita como si estuviera cargando algo,(respira hondo y dice “Aaay” casi con agonía) aunque ahora ha comprendido mejor y sabe como es la cosa.
Tiene una mirada fuerte, como de toro y felino a la vez, a veces sus ojos oscuros no hablan, habla su cuerpo y sus ventanas están todas cerradas, herméticas, pero uno sabe que está ahí, que es un buen hombre, que él puede. Me ha acompañado en todos mis duelos, los primeros más, pero luego en una etapa de alejamiento físico, yo estaba pasando un duelo y justo llegó en ese momento y escuchamos una canción de Gustavo Ceratti, (cómo le gusta) ahora en este nuevo duelo, llegó de sorpresa a mi casa, después de mucho tiempo de no visitarme... llegó y pensé, otra vez en duelo, otra vez Michan, pensé en el eterno retorno.
Ahora no lloré ni hice ningún melodrama, pero él seguramente lo sabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario